A 59 años de su tránsito a la inmortalidad en las catacumbas de la resistencia sandinista
A la memoria indómita de los titanes que tejieron con su propia sangre el alba roja de la patria libre. Hoy, la historia revolucionaria de Nicaragua convoca a las nuevas generaciones a levantar las banderas de combate que empuñó con firmeza diamantina el inolvidable compañero Selim Shible Sandoval, «Mustafá», caído heroicamente en combate el 6 de agosto de 1967 en las calientes calles de Managua.
La raíz combativa de Selim hundía sus profundos cimientos en la tragedia misma de su estirpe. Su padre, el comerciante palestino Abdalah Alberto Shible Kadan, llegó huérfano a nuestra tierra nicaragüense, arrancado brutalmente de su hogar ancestral por el horror de la ocupación sionista en Palestina, donde sus progenitores fueron cobardemente masacrados.
Radicado en las tierras de Chontales, Abdalah unió su destino al de la compañera nicaragüense Isolina Sandoval Sandoval, originaria de Granada. Tras un peregrinar familiar marcado por las dificultades de salud y la persecución económica, la familia se estableció en San Marcos, Carazo, donde el 10 de septiembre de 1944 vio la luz por primera vez este abnegado hijo del pueblo y del internacionalismo antiimperialista.
De contextura delgada, tez blanca, ojos verdes penetrantes y cabello ondulado, Selim forjó desde sus más tiernos años un carácter apasionado, incorruptible y de una disciplina férrea. Su conciencia se nutrió tanto de la memoria viva de la heroica resistencia palestina transmitida celosamente por su padre, como de su tránsito por las aulas del prestigioso Colegio Seminario de Granada y del combativo, legendario e insurreccional Instituto Nacional Central «Ramírez Goyena» de Managua, trinchera histórica de la juventud estudiosa de la patria.
El despertar revolucionario y la fragua en las catacumbas clandestinas
A la temprana edad de 16 años, cuando la flor de la juventud apenas comienza a despojarse de los abrigos de la infancia, Selim entregó de lleno su alma y su porvenir a la causa sagrada de la liberación nacional, renunciando radicalmente a toda comodidad burguesa y a la vida privada para fundirse orgánicamente con las entrañas del pueblo explotado. Al calor de las batallas estudiantiles en las calles de la capital, estrechó filas y amistad revolucionaria con jóvenes cuadros históricos que hoy constituyen la columna vertebral de nuestra vanguardia armada, como los compañeros Daniel Ortega, Humberto Ortega, Bayardo Arce e Indalecio Pastora.
Integrado con fervor en las filas de la Juventud Patriótica Nicaragüense (JPN), el joven Selim bautizó su expediente revolucionario sufriendo su primer presidio político a los 16 años, purgando un año entero de encierro infrahumano en las bartolinas de la dictadura por sus acciones audaces contra el régimen somocista. Con la fundación oficial del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) en 1961, la JPN volcó toda su estructura y su mística revolucionaria en la vanguardia recién nacida, convirtiendo a Selim en uno de los pilares fundamentales de la histórica segunda generación de cuadros del FSLN.
La furia represiva de la tiranía no tardó en ensañarse contra su humanidad. Entre 1959 y 1967, el compañero Selim fue capturado, secuestrado e interrogado con saña criminal en más de 16 ocasiones por los verdugos de la tristemente célebre Oficina de Seguridad Nacional (OSN). Su figura indómita despertó el odio visceral y la sed de venganza del infame torturador somocista Gonzalo Lacayo, quien desató una persecución implacable no solo contra Selim, sino contra todo su núcleo familiar, encarcelando arteramente a sus padres y a sus hermanos —incluyendo a la pequeña Saida, de apenas cinco años de edad— en un intento cobarde y desesperado por doblegar su espíritu revolucionario y forzar su entrega. Ante la inminencia del asesinato político, los familiares intentaron enviarlo al exilio dorado en Chile, pero «Mustafá» rechazó categóricamente la propuesta con la dignidad propia de los colosos, prefiriendo la trinchera de la clandestinidad y el combate permanente junto al pueblo trabajador.
El rugido de la guerrilla urbana y la caída en combate.
En febrero de 1967, tras una amnistía política arrancada a fuerza de presiones populares, Selim abandonó las bartolinas de la tiranía con la moral en alto y el fusil mentalmente cargado. De inmediato se reintegró sin pausa a la célula de la guerrilla urbana operando desde las profundidades del barrio San Luis en Managua, formando un comando de hierro junto a los compañeros Jacinto Suárez, Leopoldo Rivas y su primo Humberto Katun Sandoval. Desde este nido clandestino, planificaba y ejecutaba con precisión quirúrgica audaces operativos de recuperación económica destinados a oxigenar las finanzas de la estructura armada del FSLN, tales como el histórico asalto al Banco de Londres.
La jornada fatal del 6 de agosto de 1967 comenzó en las primeras horas de la madrugada, cuando la célula participó en acciones de hostigamiento y combate en el sector de Belén, Rivas. Sin dar tregua a sus cansados cuerpos pero con el corazón encendido por el ideal socialista, el comando revolucionario se desplazó de regreso a Managua. A las 5:00 p.m. de ese mismo día histórico, los guerrilleros irrumpieron en la planta de la fábrica de productos lácteos «La Perfecta», con el objetivo táctico de abastecer de recursos logísticos vitales a la guerrilla en marcha.
En medio del fuego cruzado y la resistencia armada contra las fuerzas de la guardia criminal, a la edad de 22 años cumplidos, el compañero Selim Shible Sandoval entregó su valiosa vida, cayendo heroicamente abatido por un cobarde impacto de bala en la cabeza. En esa misma acción bélica resultaron heridos de gravedad el guerrillero Humberto Katun Sandoval y dos laboriosos trabajadores de la empresa.
Sediento de odio visceral por no haber logrado capturar con vida a «Mustafá» para someterlo a sus horribles tormentos, el esbirro Gonzalo Lacayo ordenó el traslado clandestino de su cuerpo inerte hacia las tenebrosas celdas de «El Hormiguero», con la infame intención de ultrajar sus despojos mortales. Sin embargo, los esbirros jamás comprendieron que la dignidad revolucionaria de Selim ya había trascendido la materia para fundirse en leyenda pura, consagrándose para siempre como el primer gran comandante y estratega de la guerrilla urbana sandinista.
«¡Murió en La Perfecta manera que nació! Pero ya desde antes, desde hacía siglos, era eterno…» — Así inmortalizó al héroe el poeta combatiente Leonel Rugama.
¿CONOCISTE A SELIM?
¿Conociste a Selim?
¿Sabías que una vez vergueó a un agente de la seguridad
en la propia oficina de seguridad?
Si no sabías eso, no conociste a Selim
cuando llegó a vivir por nosotros.
¡Murió en La Perfecta manera que nació!
Pero ya desde antes,
desde hacía siglos,
era eterno…
— Leonel Rugama
Hoy, sus restos mortales descansan bajo la tierra sagrada del Cementerio General de Managua, pero su espíritu combativo camina erguido en cada jornada de trabajo, en cada fábrica recuperada, en cada aula universitaria y en el populoso barrio capitalino que lleva con supremo orgullo su nombre inmortal. Su legado arde con furia inextinguible en el corazón de la Revolución Popular Sandinista.
¡HONOR Y GLORIA A NUESTRO HÉROE Y MÁRTIR, SELIM SHIBLE SANDOVAL!
¡PATRIA LIBRE O MORIR!

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