A 51 años de la partida del doctor Manolo Morales Peralta.

Un infarto fatal y la sombra de la indolencia estatal.

La madrugada del 10 de agosto de 1975 quedó grabada en la memoria histórica de Nicaragua como el día en que la crueldad política cobró la vida de uno de sus médicos más entregados. A las puertas del entonces Hospital Oriental, exhaló su último suspiro el doctor Manolo Morales Peralta, abatido por un tercer y fatal infarto que su corazón ya no pudo resistir.

La muerte del galeno no fue producto únicamente de una afección cardíaca, sino el trágica desenlace de una cadena de negligencia institucional y persecución política. Horas antes, su esposa y su cuñada lo habían recorrido de emergencia por diversos centros asistenciales buscando desesperadamente salvarle la vida. En todos ellos la respuesta fue la misma: la negativa absoluta a brindarle atención médica.

El «delito» de la dignidad y la justicia social.

El único «delito» que pesaba sobre el doctor Morales Peralta ante los ojos del poder de turno era su postura intransigente. Era ampliamente reconocido como un opositor frontal al régimen somocista, un hombre de convicciones firmes que había consagrado su vida a la defensa inclaudicable de los derechos laborales y la justicia social en el país.

Para la dictadura, la labor humanitaria y gremial del doctor Morales representaba una amenaza constante. Aquella madrugada fría de agosto, esa hostilidad se tradujo en una sentencia de muerte tácita: negarle el derecho elemental a la salud y a la vida. Testigos de la época y familiares sostienen con dolor que, de haber recibido asistencia médica oportuna a pocos minutos de haber iniciado el cuadro crítico, el doctor Morales habría sobrevivido para continuar su lucha.

Un legado que trasciende el tiempo.

A más de medio siglo de su trágico fallecimiento, la figura del doctor Manolo Morales Peralta permanece viva en la memoria colectiva como símbolo de la resistencia médica y cívica en Nicaragua. Su muerte trágica evidenció hasta qué punto el sistema de salud pública de la época estaba supeditado a los intereses y odios de la dictadura somocista, convirtiendo los hospitales en trincheras de exclusión.

La historia del doctor Morales no solo recuerda una pérdida irreparable para su familia y el gremio médico, sino que se alza como un testimonio permanente del costo que pagaron aquellos que se atrevieron a alzar la voz por los más vulnerables en una de las etapas más oscuras de la historia nacional.

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