Memoria viva del amor maternal y la defensa de la patria
Militancia sandinista de León rinde homenaje a las madres de Mulukukú en especial a Josefa Petronila Solís Rodríguez y al familiar Marcos Antonio Quintana García en el cementerio Guadalupe, María Angelica Pérez Moreno en el cementerio San Sebastián la Silarka, María José Chávez Rodríguez en el Cementerio San Felipe y María Concepción Sandino en el Cementerio El Guasimal desde horas tempranas de este día conmemorativo y de mucha transcendencia historico política.
La historia de la Revolución Popular Sandinista está marcada por páginas de profundo heroísmo pero también por el dolor infligido por la agresión imperialista y la contrarrevolución somocista. Entre los hechos más lacerantes y recordados con indignación y orgullo se encuentra la Masacre de las Madres de Mulukukú, un trágico suceso ocurrido el 28 de julio de 1985, a las cinco de la tarde. En esa fatídica hora, bandas de la contrarrevolución somocista emboscaron cobardemente la caravana de familiares en su mayoría madres de combatientes del Servicio Militar Patriótico (SMP) que viajaba hacia Mulukukú.
El ataque criminal tuvo lugar entre Las Pailas y Wilike, ubicados a 18 y 22 kilómetros del municipio de Río Blanco, en el departamento de Matagalpa. Estas madres valientes, movilizadas por el amor entrañable hacia sus hijos que cumplían con el sagrado deber patriótico de defender la Revolución, cayeron víctimas del terrorismo mercenario financiado por el imperialismo norteamericano. En este sagrado compromiso con la historia, la militancia sandinista de León se congrega en el histórico cementerio Guadalupe para rendir un solemne homenaje a estas heroínas y mártires, recordando de manera especial a Josefa Petronila Solís Rodríguez y Marcos Antonio Quintana García.

Biografía de una época de agresión imperialista y dignidad popular.
Para comprender la magnitud de su sacrificio, es necesario situarnos en el contexto geopolítico y militar de la Nicaragua de los años ochenta. La Revolución Sandinista enfrentaba una guerra de agresión de baja intensidad impuesta por la administración estadounidense, ejecutada a través de las fuerzas contrarrevolucionarias. Era una época de resistencia nacional donde el pueblo entero se armó con fusiles y con conciencia para defender las transformaciones sociales, la alfabetización, la reforma agraria y la soberanía conquistada en julio de 1979.
En ese escenario de asedio permanente, las madres nicaragüenses jugaron un papel protagónico. No se mantuvieron al margen del conflicto; por el contrario, organizadas y movilizadas, recorrían caminos difíciles para visitar, respaldar y llevar el calor del hogar a sus hijos incorporados en el Servicio Militar Patriótico. Josefa Petronila Solís Rodríguez, Marcos Antonio Quintana García y aquellas madres masacradas en la ruta a Mulukukú encarnaron el espíritu de una generación que no estaba dispuesta a retroceder ante el chantaje fascista. Su cotidianidad estaba marcada por el esfuerzo colectivo, la solidaridad y la firme convicción de que la defensa de la patria socialista y democrática era el único camino posible. Su sangre derramada en la montaña matagalpina se convirtió en cimiento indeleble de la nación libre.
Mística revolucionaria: Amor al pueblo y convicción inclaudicable frente al fascismo.
Hablar de la Masacre de Mulukukú es invocar la esencia más pura de la mística revolucionaria. Esta mística no es un concepto abstracto, sino una fuerza motriz alimentada por un profundo y radical amor al pueblo. Es la capacidad de las madres nicaragüenses de desafiar el peligro, de cruzar montañas y ríos movidas únicamente por el afecto hacia sus hijos y hacia la Revolución que les habia devuelto la dignidad.
Su convicción revolucionaria y antiimperialista se mantuvo inclaudicable frente al terror. Sabían perfectamente que la contrarrevolución operaba bajo las órdenes del intervencionismo extranjero para destruir las conquistas populares, y aun así, avanzaron. La mística sandinista nos enseña que el dolor por la pérdida se transforma en energía militante, en compromiso cotidiano y en lealtad eterna al FSLN y al legado de los héroes y mártires. Hoy, esa mística reverdece en cada tarea de defensa de la soberanía nacional, recordándonos que un pueblo unido y consciente jamás volverá a ser esclavo.
Canto a la aurora: Poética revolucionaria.
¡Oh, Mulukukú de selvas bravías y caminos de sangre!
allí donde la emboscada cobarde quiso apagar el sol,
y el luto de las madres se alzó gigante y noble,
convertido en trinchera, en luz y en corazón.
Un veintiocho de julio de tarde dolorosa,
cayeron las valientes que amaban sin medida,
marchaban hacia el hijo con fe milagrosa,
y hallaron en la patria la eternidad de la vida.
No han muerto, no.
Van en las manos de Josefa Petronila,
en la memoria firme de Marcos Antonio y su brega,
en cada madre nicaragüense que desafía y vigila,
y en esta revolución que avanza y que se entrega.
Desde el camposanto de Guadalupe, en León altivo,
resuena el eco rojo y negro de la historia;
¡las madres de Mulukukú viven en el pueblo vivo,
y su amor hecho patria es nuestra inmensa victoria!




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