A 36 años de su tránsito a la inmortalidad, el nombre de Carlos Núñez Téllez permanece unido a una de las páginas más profundas de la historia política y constitucional de Nicaragua
Hay hombres cuya vida no se mide solamente por los años que estuvieron físicamente entre nosotros, sino por las huellas que dejaron en la historia. Carlos Núñez Téllez pertenece a esa generación que convirtió la convicción, la disciplina, el estudio y la entrega en una forma de asumir la responsabilidad con Nicaragua.
Este 2 de octubre se cumplen 36 años de su tránsito a la inmortalidad. Carlos Núñez falleció en La Habana, Cuba, el 2 de octubre de 1990, después de haber ocupado responsabilidades centrales en la vida política y legislativa del país. Tenía 39 años. La Asamblea Nacional lo recuerda como Padre de la Constitución Política de Nicaragua, debido al papel fundamental que desempeñó en el proceso de elaboración, consulta, discusión y aprobación de la Constitución de 1987.

Una vida marcada por la convicción y la disciplina.
Nacido en León el 26 de julio de 1951, Carlos Núñez Téllez se vinculó desde joven a la lucha contra la dictadura somocista. Su trayectoria política comenzó en el movimiento estudiantil y posteriormente asumió responsabilidades dentro del Frente Sandinista de Liberación Nacional. La documentación histórica de la Asamblea Nacional registra su participación en tareas organizativas y clandestinas, así como su responsabilidad en el Frente Interno durante los años decisivos de la lucha insurreccional.
Fue también parte de aquellos acontecimientos de 1979 que marcaron el fin de la dictadura somocista. La propia Asamblea Nacional ha destacado su participación en la organización de la insurrección y en el Repliegue Táctico Managua-Masaya, como parte de las responsabilidades que asumió en aquel período.
Más allá de las posiciones políticas que sostuvo, quienes han escrito sobre su trayectoria destacan rasgos personales que ayudan a comprender su forma de ejercer responsabilidades: disciplina, capacidad de trabajo, estudio, paciencia y disposición al diálogo. En testimonios recogidos por la Asamblea Nacional es recordado como un hombre de consenso y como un dirigente que dedicaba tiempo a escuchar posiciones distintas durante el proceso constituyente.
Ahí existe una enseñanza que trasciende cualquier época: la convicción no consiste únicamente en defender una idea, sino también en tener la disciplina necesaria para convertirla en trabajo, organización y responsabilidad.

Del Consejo de Estado a la Asamblea Nacional.
Después del triunfo revolucionario de 1979, Núñez Téllez pasó de las tareas político-organizativas a la construcción de las nuevas instituciones del Estado.
En 1980 asumió responsabilidades en el Consejo de Estado, llegando posteriormente a presidirlo. Luego, con la instalación de la Asamblea Nacional, se convirtió en su primer presidente en 1985. Desde esas responsabilidades se incorporó a una nueva etapa de su vida política: la construcción institucional y legislativa.
Fue precisamente allí donde su trayectoria adquirió una dimensión histórica que todavía permanece en la legislación nicaragüense.

El Padre de la Constitución Política.
Entre 1985 y 1986 se desarrolló el proceso de elaboración de la Constitución Política que sería promulgada el 9 de enero de 1987. La Asamblea Nacional documenta que el proceso incluyó consultas a diversos sectores de la sociedad y que Carlos Núñez tuvo un papel central en su conducción. El último artículo fue aprobado el 19 de noviembre de 1986 y posteriormente la Constitución fue promulgada en enero de 1987.
La importancia de Núñez en este proceso no radica únicamente en haber presidido el órgano legislativo. Su papel fue también el de articular, ordenar, escuchar y conducir un proceso político y jurídico complejo.
La propia Asamblea Nacional ha destacado que durante la consulta constitucional se tomó en cuenta la participación de mujeres, campesinos, jóvenes, organizaciones y distintos sectores sociales.
Por esa trayectoria fue reconocido como Padre de la Constitución Política de Nicaragua, una denominación que forma parte de la memoria institucional del Parlamento nicaragüense.
Y quizás una de las mayores enseñanzas de aquel proceso se encuentra precisamente en eso: una Constitución no nace solamente de la tinta y el papel; nace de debates, diferencias, acuerdos, consultas y de la voluntad de convertir una realidad histórica en normas que organicen la vida de una nación.

Un legado que llegó más allá del hemiciclo.
La trayectoria legislativa de Carlos Núñez no terminó con la aprobación de la Constitución. Durante el período en que estuvo al frente del órgano legislativo se desarrolló una amplia labor de producción normativa, que incluyó la aprobación de numerosas leyes y reformas vinculadas a la reorganización institucional del país.
Su trabajo dejó, por tanto, una doble dimensión: la del dirigente político que participó en una etapa decisiva de la historia nicaragüense y la del legislador que ayudó a construir instituciones y normas.
Esa combinación explica por qué su nombre permanece particularmente ligado al Derecho Constitucional nicaragüense.

2026: una nueva etapa en la historia constitucional.
Treinta y seis años después de su tránsito a la inmortalidad, el debate constitucional vuelve a ocupar un lugar central en Nicaragua.
Durante 2026 se han aprobado reformas constitucionales en segunda legislatura relacionadas, entre otros asuntos, con la nacionalidad, determinadas instituciones del Estado y disposiciones sobre la Policía Nacional y el servicio público.

Al mismo tiempo, durante septiembre de 2026 la Asamblea Nacional desarrolló un nuevo proceso de reforma parcial a la Constitución, cuya primera legislatura fue aprobada el 1 de septiembre y cuya segunda etapa de consulta se desarrollaba todavía a finales de septiembre. La Asamblea informó el 29 de septiembre que esa etapa de consulta había alcanzado 33 municipios de los departamentos de Estelí, Matagalpa y Chinandega, mientras continuaba el proceso previo a la segunda legislatura.
Entre los temas expuestos públicamente alrededor de esta nueva reforma aparecen asuntos relacionados con soberanía, seguridad, organización institucional y procesos electorales.
Por eso, el aniversario de Carlos Núñez en este 2026 adquiere una particular dimensión histórica: el texto constitucional cuyo proceso de construcción él condujo continúa siendo objeto de reformas y transformaciones, demostrando que las constituciones también reflejan los cambios políticos, jurídicos y sociales de cada época.

El compromiso para las nuevas generaciones.
Tal vez el mayor homenaje que pueda hacerse a Carlos Núñez Téllez no está solamente en repetir su nombre cada 2 de octubre. «Está en estudiar su trayectoria.»
Está en comprender cómo un joven leonés pasó de las tareas clandestinas y la lucha política a sentarse frente a un Parlamento para conducir un proceso constitucional.
Está en comprender que detrás de una ley existen largas horas de estudio, discusión, negociación, responsabilidad y toma de decisiones.
Y está también en reconocer que quienes reciben el legado de una generación tienen la responsabilidad de conocer la historia antes de interpretarla.
En la formación de las nuevas generaciones de juristas, administradores públicos, legisladores e investigadores, Carlos Núñez representa un capítulo importante para comprender la relación entre historia, política, legislación y Constitución.

36 años después.
Este 2 de octubre, Nicaragua recuerda los 36 años del tránsito a la inmortalidad de Carlos Núñez Téllez.
La palabra “inmortalidad” pertenece a la tradición conmemorativa con la que la Militancia Sandinista del departamento de León ha recordado su partida. Pero detrás de ella existe una realidad concreta: una vida que terminó demasiado pronto y una obra política y legislativa que continuó siendo discutida, reformada y estudiada después de su muerte.
Carlos Núñez Téllez murió a los 39 años, pero dejó su nombre asociado a uno de los procesos jurídicos más importantes de la Nicaragua contemporánea.
Treinta y seis años después, su figura sigue apareciendo allí donde Nicaragua vuelve a hablar de Constitución, de legislación y de la construcción de sus instituciones.
Y quizás esa sea la forma más profunda de entender su legado: no como una página cerrada de la historia, sino como una parte de ella que las nuevas generaciones todavía tienen la responsabilidad de estudiar, conocer y comprender.


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